Cómo se habitúan los padres al periodo adaptativo de sus hijos

Llegó septiembre, y con él, como si del uno de enero se tratara, los buenos propósitos para el nuevo curso que comienza. El cole empieza en pocos días y los centros comerciales están llenos para la compra de los uniformes escolares, las secciones de papelería atestadas con todo tipo de materiales de diseños y formas a cada cual más llamativo y llamado al consumismo, etc. Pero es conveniente no perder de vista lo realmente importante, los niños y las niñas. Tras unos meses de descanso, ausencia de horarios y de rutinas marcadas, comienza un nuevo curso, el primero para algunos, y el tan temido, para los padres y las madres, periodo de adaptación. Te explicamos un poquito más sobre lo que es y algunas estrategias para afrontarlo de la manera más satisfactoria posible.

El periodo de adaptación es una etapa de transición en la que niño o la niña deja el entorno familiar, que le proporciona seguridad, confianza, tranquilidad, para incorporarse a un nuevo contexto: la escuela infantil, con nuevas características, a la que se irá acomodando gradualmente.

Posiblemente, este sea uno de los primeros cambios transcendentales para el niño o la niña, ya que será, en la mayoría de los casos, la primera vez que se separe de sus padres, con los que mantiene un vínculo afectivo único. Con el paso a la escuela preescolar, los pequeños ganarán en autonomía, gestión emocional, sociabilidad, e irán dando los primeros pasos para forjar su personalidad. Por ello, vamos a intentar hacer este periodo lo más satisfactorio posible, tanto para adultos, como especialmente, para los niños y las niñas.

¿Cómo debo de actuar en el periodo de adaptación de mi hijo o mi hija?

  • 1. En primer lugar, entender que las vivencias que se tenga durante esta etapa, se irán almacenando en la memoria afectiva del niño o la niña durante un tiempo, por lo que hay que cuidarlas.
  • 2. Lo más recomendable es que este tránsito se realice de manera progresiva, para que vayan incorporando las nuevas experiencias, estímulos y sensaciones de la misma forma.
  • 3. Unos días antes de que empiece el cole, podemos prepararle y anticiparle lo que va a pasar, ya sea en forma de cuento, de historia, yendo al colegio para enseñarle su clase, y que todo ese momento de cambio no le coja por sorpresa.
  • 4. Desde casa, es bueno transmitirle seguridad, tranquilidad, confianza, y mostrarse lo menos nervioso posible. Para los cuidadores es un periodo difícil, más aún si se acompaña de llanto, pero es recomendable mantener la calma en todo momento. Sustituyamos frases como “que ganas de recogerte después, te voy a echar de menos” “yo tampoco quiero que te quedes en el cole” por “Cuando te recoja, me puedes contar como te ha ido, que habéis hecho”, “Si te sientes mal, el profesor o profesora está ahí para que le cuentes lo que te pasa”.
  • 5. Despedirnos siempre, aunque llore, y no desaparecer como por arte de magia.
  • 6. Es fundamental permitir que el pequeño o la pequeña exprese sus emociones, ahorrándonos frases como “no llores” “si no pasa nada, es una tontería”. Quizá, se puedan sentir mejor transmitiéndoles “entiendo que estés nervioso/a, es un sitio nuevo” “yo te voy a acompañar hasta la puerta y me voy a quedar un ratito contigo” “Nos vamos a dar un abrazo grande, para que nos dure todo el día”. Además, agachándonos y poniéndonos a su altura, se pueden interiorizar mejor todos esos sentimientos de tranquilidad que nos gustaría transmitirle.
  • 7. Si se lleva algún juguete de casa, es un elemento que le proporciona seguridad, por lo se lo podemos permitir.
  • 8. Los y las profesionales del centro educativo están preparados y preparadas para este tipo de situaciones, y tienen las herramientas necesarias para afrontarlas dentro del aula.
  • 9. Confía en que es un periodo, pronto pasará, y verás a tu hija o hija disfrutar de esta tan bonita etapa.
  • 10. Mantén una comunicación fluida con el educador/a de tu hijo/a. Es una forma de sentirte más seguro o segura, y así transmitírselo a los pequeños.
  • 11. Es prioritario respetar sus tiempos, pero si dicho periodo se alarga, tu hijo o hija tiene respuestas desproporcionadas o hay algo que te preocupa de manera significativa, no dudes en consultar al propio centro educativo o a un profesional cualificado. Tu tranquilidad, es la de tu hijo.

 

Recordemos ante todo, respetar, desde la tranquilidad y la paciencia, la individualidad de cada niño o niña, adaptarnos al ritmo que necesita, y acompañarles en esta nueva etapa.